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Cohousing: viviendas colaborativas para crecer y envejecer entre amigos

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Por Federico Argento | Buena Vibra

La mayoría de las personas mayores viven solas o con sus parejas en su propia casa (83,6%) y representan un 53,9% los que consideran poco o nada probable vivir en un futuro en una residencia para adultos mayores.

Pero desde hace ya algunos años, una nueva modalidad de viviendas para personas de la tercera edad que están solas se viene imponiendo en muchos lugares del mundo. Estamos hablando de las Viviendas Colaborativas o, más conocidas por su denominación en inglés, “CoHousing”.

Qué es el cohousing

Se trata de una urbanización o una comunidad formada con viviendas independientes y adaptadas a las necesidades de sus residentes en las que conviven personas mayores (a veces también de otras edades) consiguen un espacio de vida con zonas y servicios comunes para limpieza, actividades de ocio, comedores, sociales, etc. autogestionado todo ello por los propios usuarios que buscan de esa forma convivir con sus amigos o personas conocidas.

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Cohousing: las viviendas colaborativas mejoran la vida de sus habitantes

El origen de este tipo de organización de vida hay que buscarlo en los años 70, cuando en lugares como algunos países nórdicos, partiendo de las necesidades que tenían algunas familias jóvenes éstas decidieron agruparse en pequeñas comunidades para compartir algunas demandas cotidianas.

A diferencia de la muy extendida por aquellos años forma de vida “comunal”, estos grupos planteaban el “CoHousing”, ya que mantenían en todo momento una economía propia y una vivienda de uso privativo. Lo que les permitía esta nueva organización de vida era compartir labores domésticas, crianza de niñas y niños, etc.

En los 80, cuando algunos de aquéllos pioneros comenzaron a envejecer descubrieron que sus necesidades eran diferentes que las de las personas más jóvenes y empezaron a crear comunidades “senior”.

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Se vienen las ecoaldeas: vivir en comunidad y en medio de la naturaleza

En estos grupos colaborativos de vida, cada uno, o en pareja, poseen un apartamento privado para preservar su intimidad y comparten grandes áreas comunes y actividades en talleres, excursiones, fiestas, conciertos, obras de teatro, etc., sin olvidar la asistencia médica cuando lo precisan.

El cohousing se asemeja a un pequeño barrio o a una comunidad de vecinas y vecinos bien avenidos, porque lo crearon con esa intención de vida colaborativa y mutualismo comunitario.

Allí no hay jerarquías, y los roles se reparten de forma natural. La economía es privada, y las viviendas cuentan con todos los elementos que aseguran la independencia de los residentes. A pesar de ello, o justamente por este motivo, existen zonas comunes significativas, que se comprenden como extensión de las viviendas cuya administración sigue a cargo del grupo que habita la comunidad.

Cohousing: viviendas comunitarias, de los adultos mayores a la familia entera

En España, esta iniciativa está apuntalada de muchas maneras por la La Unión Democrática de Pensionistas y Jubilados de España (UDP), una organización sin ánimo de lucro creada, dirigida y administrada por y para las personas mayores. En su informe anual, la UPD centa que el “cohousing” es conocido por dos de cada tres Personas Mayores (64,6%) y contemplado como alternativa posible por cuatro de cada diez (41,4%), especialmente si es en su localidad.

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Viviendas colaborativas: cada vez más gente elige envejecer entre amigos

Adultos mayores y cohousing

El Cohousing se ha convertido en una tendencia creciente entre los adultos mayores de varios países del Primer Mundo, en tanto revitaliza y fomenta la actividad y la sociabilidad en personas que empiezan a retraerse y aislarse.

Además, el Cohousing fomenta la colaboración, la participación, el liderazgo y las ganas de crear, fomenta también la integración social, la colaboración entre vecinos, la sostenibilidad, los pasatiempos, entre tantos otros beneficios relacionados con el compañerismo y los lazos sociales.

A diferencia de los tradicionales asilos de ancianos, geriátricos o residencias de adultos mayores, las viviendas colaborativas son lugares donde el estilo de vida y la filosofía son totalmente diferentes.

Los asilos, por lo general, son impersonales, y el grado de dependencia es alto. Además, todo está pautado y son lugares muy costosos sin son razonablemente dignos y limpios.

Iniciativas de cohousing en Argentina

En España, Gran Bretaña, Estados Unidos y otros países, el cohousing avanza a paso firme. En Argentina, este tipo de urbanizaciones son más recientes pero existen varios proyectos basados en este concepto que son muy interesantes.

Hay desarrollos y grupos en distintas provincias, y tanto en Google como en Facebook uno puede encontrar alternativas y propuestas, más y menos avanzadas.

“El co-housing, más que arquitectura, es una forma de intercambio social, de añoranza de barrio en el que se cancela el anonimato: se trata de tener un vínculo con gente afín en el que uno logra compartir y combatir el aislamiento”, comenta el arquitecto del proyecto El Gigante, en La Plata. Se llama Guillermo Durán y sostiene que cualquier grupo humano puede construir su propio barrio a medida. En este caso, las resoluciones colectivas no sólo designaron espacios comunes, como dos centros comunitarios, una cooperativa de trabajo, huerta con frutales y una plaza, sino que también aunaron los criterios en la construcción de las casas privadas, todas con materiales ecológicos.

La tendencia avanza, como ocurre en otros lugares del  mundo. De hecho, las “viviendas tuteladas” o “edificios protegidos”, que ya existen en el país, son complejos habitacionales especialmente pensados para personas mayores autoválidas. Este tipo de viviendas se inscriben dentro del movimiento “cohousing” y son una excelente alternativa frente a los geriátricos y residencias, donde la calidad de vida de la persona se empobrece en términos de vida activa y vínculos sociales.

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